lunes, 3 de agosto de 2015

PINTURA DEL AVERNO POR RICARDO "EL MORDAZ"

 
EL SABIO DR. RICARDO "EL MORDAZ"

6 DE AGOSTO DE 1945

Yayoi se había levantado muy temprano esa mañana, está ansiosa por mostrarle a sus pequeños amigos de la cuadra el triciclo que acaban de regalarle. Sale pedaleando a la vereda cuando de pronto el cielo estalla en un flash de luz más intenso que el sol, pero ella no alcanza a verlo, se ha evaporado en innumerables moléculas que se dispersan en una atmósfera cuya temperatura ascendió súbitamente a un millón de grados. Su triciclo vuela por los aires y llevado por un viento huracanado cae muy lejos transformado en hierros retorcidos.

Yayoi es una de las cien mil personas afortunadas que murieron en forma instantánea. Otra cifra semejante de seres humanos morirían minutos, horas o días después, presas de horribles quemaduras. Los que podían moverse se arrastraron como pudieron hasta el hospital más cercano con los rostros desfigurados o ayudados por un tercero ya que donde tenían los ojos solo quedaban cuencas vacías de las que chorreaba un fluido blanquecino.

Los hospitales estaban abarrotados de pacientes moribundos, con amputaciones, la piel que se desprendía junto con la ropa y casi todos irreconocibles. No iban a recibir ningún socorro, la mayoría de los médicos y casi todas las enfermeras habían muerto. Era la mañana del 6 de agosto de 1945 en la ciudad de Hiroshima.




Las quemaduras, primero eran amarillas, luego se tornaban rojas, se hinchaban y comenzaban a supurar, exhalando un olor nauseabundo. Sobre la piel de algunas mujeres se dibujaban las flores del kimono, ya que el blanco había reflejado el calor de la bomba y el negro lo había absorbido contra la piel. Con los meses y los años continuaría muriendo gente de anemia e infecciones causadas por la radiación. Los pocos habitantes que sobrevivieron y superaron todas estas secuelas quedaron estériles definitivamente, tanto hombres como mujeres.


                                                      Sobrevivientes

El proyecto Manhattan
El proyecto Manhattan, fue el programa científico creado por el gobierno de los Estados Unidos en colaboración con su Estado Mayor destinado a desarrollar la energía nuclear y, obviamente, su aplicación dentro de la carrera armamentística. Participaron 37 fábricas y laboratorios de 19 estados y de Canadá, se emplearon 120.000 personas y los mejores científicos e ingenieros. Y así, bajo la supervisión del físico nuclear Robert Oppenheimer, se crearon tres bombas atómicas, entre los años 1941 y 1945. El costo total del proyecto fue de dos mil millones de dólares.

                    Robert Oppenheimer (1904-1967)

Las razones y las justificaciones para crear un arma con una potencia como nadie hasta entonces se había imaginado (20.000 toneladas de TNT), son temas de discusión que aún perduran. El argumento más importante era que la Alemania nazi también estaba enfrascada en un  operativo similar, por lo que  el asunto parecía dirimirse en quién la tiraba primero y con eso ganaba la guerra. Además, varios de los científicos que participaron en la elaboración de la bomba atómica eran judíos, comenzando por el propio Oppenheimer y todos tenían conocimiento del genocidio que estaba llevando a cabo Hitler con los de su raza. Sin embargo, el espionaje aliado llegó a la conclusión que los alemanes habían abandonado la idea porque no podían afrontar costos que les resultaban insuperables.

Razones económicas y estratégicas, primaron para evitar la cancelación del proyecto que ya estaba muy avanzado. La construcción de la bomba se terminó y políticos, militares y científicos, estuvieron presentes en la prueba realizada en Álamo Gordo y por lo tanto todos sabían la enorme capacidad destructiva de aquel diabólico artefacto. ¿Cuáles fueron entonces las razones para arrojarla sobre Hiroshima, una ciudad industrial con alto número de población civil?
Hubo dos justificaciones: una de ellas era que para derrotar a Japón se requería un desembarco masivo de marines y se calculaba la pérdida de un millón de hombres. Este argumento carece de sustentabilidad, Japón estaba exhausto, se había quedado sin marina y sin aviación, carecía de recursos naturales como petróleo y hierro, por lo tanto bastaba con bloquear las islas por vía marítima para desgastarlo totalmente hasta lograr la rendición.

El otro argumento era puramente especulativo, donde primaban el orgullo y la soberbia. Se trataba de demostrar a la Unión Soviética, que Estados Unidos era más poderoso y que se cuidara de cualquier intento expansionista después de salir triunfante en la guerra. El gobierno de Estados Unidos parecía olvidarse que sin la participación decisiva de la maquinaria bélica e industrial de su aliado, el conflicto se hubiera prolongado varios años más. La guerra produjo la muerte de 500.000 norteamericanos y 20.000.000 de rusos, por lo tanto la desaparición de un millón de marines en un hipotético desembarco en Japón, ni remotamente alcanzaría para equilibrar la balanza de pérdidas humanas por ambos lados.


Enola Gay 
Después de innumerables pruebas y entrenamientos, muy a la madrugada de ese 6 de agosto, partió con su mortífera carga desde la isla de Tinian, situada a 2700 kilómetros de Hiroshima, el bombardero B-29 que llevaba el nombre de una de las madres de los tripulantes: Enola Gay. El primer temor, que era un accidente en el despegue con consecuencias impredecibles, quedó superado cuando la nave se elevó normalmente por los aires y todos los que estaban a cargo del proyecto suspiraron aliviados. Durante el vuelo, uno de los tripulantes, fue introduciendo los detonantes en Little Boy, que así se llamaba la bomba. Había ensayado ese procedimiento incontables veces, pero ahora, con el avión volando a diez mil metros de altura y 50 grados bajo cero, se esforzaba para mover sus entumecidos dedos. Finalmente lo logró, se había salvado sin inconvenientes el segundo escollo. Minutos antes de llegar al blanco, la tripulación se colocó antiparras especiales para no quedar cegada por el brillo de la explosión.
                                 El Enola Gay y su tripulación

Días antes Washington le había exigido al Emperador Hirohito y al alto mando japonés la rendición incondicional, pero no hubo aviso previo a las poblaciones de Japón, si no acataban el mensaje, sobre la magnitud devastadora de la nueva arma que se abatiría sobre sus ciudades.
Por su parte, el presidente Truman, quien se encontraba en esos momentos en un crucero que navegaba por el Pacífico, esperaba ansioso novedades sobre el resultado del operativo. Poco antes había expresado: “Por fin se va a utilizar el arma contra Japón que es la más terrible que se ha inventado jamás”. Cuando llegó la noticia de que la bomba había sido lanzada exitosamente, Truman festejó junto con la tripulación mientras expresaba: “Es lo más grande que ha ocurrido en la historia”.



                                                  Harry Truman (1884-1972)

En Los Álamos, se descorchaban botellas de champan, los científicos y todo el personal que se involucró en el proyecto Manhattan, festejaba entusiasmado el éxito ¿de la ciencia?
Para ellos todo se reducía a innumerables cálculos fisicomatemáticos en pizarrones, cuadernos y láminas. Estaban a miles de kilómetros de la horrible destrucción de vidas humanas que había ocurrido como producto de sus investigaciones.

                 David Alfaro Siqueiros Hiroshima Museo MOMA Nueva York



John Hersey. El ataque atómico a Hiroshima. Japón. El eterno resurgir. Le Monde Diplomatique. Explorador 3 Segunda serie.

Hiroshima. DVD de la BBC.

Segunda Guerra Mundial. De Iwo Jima a la rendición del Japón. Tomo 20 Editorial Planeta 2009.


Aguilera EL, Rodriguez P, Sastre MA. Manhattan Project: El papel de los científicos en el desarrollo de la bomba atómica. ES/L/diandres de la ETSETB.

COSAS DE LA VIDA

Recuerdo con felicidad el tiempo en que trabajé como encargado en una librería de viejo. No sólo por las sesiones de lectura que me deparaban las tranquilas horas de la siesta, sentado detrás del mostrador, sino también por la posibilidad de conocer personas de lo más extrañas. Con muchas de ellas me unía el amor por los libros, la creencia de que entre sus páginas se escondían respuestas o revelaciones que podían hacer más rico e interesante al mundo. Entraban a la librería como posesos, en procura de algo. Hurgaban en la filosofía, la historia, la astrología o la literatura, y pasaban una eternidad ante los estantes hasta encontrarlo. Como en la vida, sólo con el hallazgo descubrían qué habían estado buscando.

Las librerías de viejo son organismos vivos que crecen y se desarrollan en el tiempo. En cada compra, el librero decide qué títulos entran y cuáles quedan afuera en esa suerte de biblioteca abierta que muta sin descanso. Pero al perfil de una librería de viejo lo dibuja el azar. En ellas los libros no vienen de fábrica, al ritmo previsible de las novedades editoriales, sino que llegan como una prolongación de los avatares de vidas privadas marcadas por viajes, separaciones, mudanzas o el simple afán de renovarse. Son libros con un pasado. Y son también parte de un pasado que quien los vende quiere dejar atrás.
En aquella librería estaban los que compraban y los que vendían. Eran clubes distintos. Sólo compraban y vendían alternativamente los lectores de novelas pasatistas, a las que no les concedíamos la dignidad de los estantes, sino que relegábamos en las bateas, en dulce montón. A veces con insolente ingratitud, hay que admitir: quien pescaba allí con olfato podía dar con excelentes policiales de James Hadley Chase, por ejemplo.


Los que vendían podían llegar con tres libros en una bolsa de supermercado o con una valija repleta. El momento en que empezaban a poner los ejemplares sobre el mostrador estaba cargado de expectativa. Podía aparecer cualquier cosa. Había que ser selectivo y comprar sólo la buena literatura y aquello que tuviera posibilidad de venta. Por apego o por ignorancia, la gente sobrevaloraba lo que traía. Pero el dueño del local, un buen amigo que velaba por la supervivencia del negocio, me dio la fórmula justa: todo libro se pagaba la mitad del precio al que después iba a ser vendido. Lo tomas o lo dejas, y todos contentos.

Me gustaba ir a las casas a comprar bibliotecas. Aunque allí también debía seleccionar, y daba pena separar impunemente lo que el difunto había tardado toda una vida en reunir. A veces la operación se ejecutaba ante la viuda. "Llévese todo, por favor -podía escuchar uno-. Yo no sé para qué juntó tanto si no llegó a leer ni la mitad."

Entre los que compraban había de todo. Recuerdo un hombre silencioso y circunspecto que pasaba una vez por mes a la pesca de primeras ediciones de Borges. Era un coleccionista respetado. Estaban también los que depositaban en mí la responsabilidad de la búsqueda.

-Acabo de terminar La montaña mágica -me dijo una vez una mujer mayor, pañuelo de seda alrededor del cuello-. Una maravilla. Ahora necesito algo tan elevado como eso.

-¿Probó con Tolstoi?

-Odio a los rusos.

En casos así yo cavilaba unos segundos y me dirigía hacia los estantes de literatura. Elegía entre lo que hubiera, por intuición. Cuando acertaba solía ganar, además de un cliente fiel, un confidente que en sucesivas visitas iba abriendo de a poco algún aspecto de su vida, siempre al calor de Hemingway, Haroldo Conti o Carver.


Aquél fue un gran trabajo. Había momentos de soledad e introspección en los que leía. Cuando entraba gente, los mismos libros me daban la posibilidad de socializar. Un equilibrio perfecto. Además de buenos recuerdos, me quedan de aquella experiencia tres tomos con la obra completa de Chejov y un librito de poemas de Richard Brautigan, en inglés.
No sé qué destino espera a las librerías de viejo. En medio de la revolución tecnológica, diría que los pronósticos no son favorables. Pero aún somos muchos, presumo, los que las mantendremos con vida. Mientras no dejemos de buscar, seguiremos acudiendo a ellas. No tanto para enrolarnos en una improbable resistencia como para dar con ese libro inesperado que nos devolverá, una y otra vez, a la felicidad y el asombro. . 

H. M. G. 

DESDE EL BARRIO PAQUE CHAS, HABLA EL MINISTRO AXEL KISILLOF


 
Saluda sonriente Axel Kicillof (43), el joven ministro de Economía y Finanzas Públicas de la Nación, cargo que ejerce desde el 20 de noviembre de 2013. Nos recibe en su despacho de Hipólito Irigoyen 250, frente a Plaza de Mayo, un mes después de que iniciáramos la búsqueda periodística para obtener su testimonio, que incluyó llamados a su propia casa. Nos interesaba por supuesto conocer su faceta de habitante de uno de los barrios , lindero con la Comuna 12. Pero fundamentalmente queríamos hablar de economía y política, en vísperas de un intenso calendario electoral que lo tiene como protagonista. Es el primer candidato a diputado nacional en la lista del Frente para la Victoria que postula a Daniel Scioli como Presidente de la Nación.

-¿Sos de Parque Chas, no? Vivís en una zona donde coinciden al menos tres barrios...
-Estoy en el límite, justo en un fleje que separa a Agronomía de Parque Chas. Cuando se me va la pelota para el otro lado de la calle o voy al club, estoy en Agronomía. Pero mi vida transcurre en Parque Chas.
-¿Es una etapa reciente o tenés un vínculo antiguo con el barrio?
-La verdad es que Parque Chas era mi objetivo. No conocía el barrio, pero lo tenía en el radar. Siempre quise vivir en Capital Federal, pero en un barrio, y me pareció que Parque Chas tenía ese doble carácter: bien urbano y céntrico, pero también barrial. Es un barrio con mística y particularmente, en el orden de la literatura, hay una novela de Carlos Gamarro que se llama Las Islas, que transcurre en Parque Chas. Es un barrio que se presta a la imaginación y a la fantasía. Es un barrio laberíntico, medio borgeano...
-Vos igual estás en la periferia del laberinto, casi saliendo...
-No conseguí más en el medio, terminé comprando una casa sobre Constituyentes. Yo antes vivía en un barrio que para mí era muy hermoso y con estas cualidades, que es lo que hoy se llama Palermo Hollywood. Me mudé a ese barrio antes de que fuera Palermo Hollywood, a tres cuadras del Mercado de Pulgas. Había como una bohemia, pero en mi manzana construyeron como 14 edificios cuando yo vivía ahí. El descontrol de la burbuja inmobiliaria macrista la protagonicé como víctima. Pero, ojo, me sirvió porque cuando vendí tenía un PH muy chiquito y después pude comprarme una casa. Creo que me mudé a Parque Chas en 2009, antes de ser funcionario.
-Es un mérito que, siendo funcionario, sigas viviendo en la misma casa. Suele reprocharse a los políticos que cuando ascienden se alejan de la realidad.
-Nadie me lo va a creer, pero mis hijos, mi esposa y yo hacemos la misma vida que antes, aunque con menos tiempo. Vamos al jardín del barrio, al club de enfrente. Tengo muchísimas ocupaciones y mi mujer también. Es investigadora universitaria.
- Tus costumbres no cambiaron...
-Tengo la misma casa y el mismo auto. Antes era investigador del CONICET y de la UBA. Tenía que dar seis cursos para juntar un sueldo. Ahora, con el aumento que hubo para docentes universitarios, es un sueldo digno, pero menor que el de ministro.
-Son decisiones personales. Cuando decidí volcarme a la política y a la función pública venía de otro tipo de vida. Lo hice por convicción, no por un ascenso económico personal. Vivo de mi sueldo y el de mi mujer. Les contará la gente: yo hago las compras los fines de semana en el chino. El que quiera encontrarme, me va a encontrar ahí.
-Hubo una foto que te tomaron en un supermercado y fue tapa de una revista.
-Claro, sí. Porque cayó una guardia periodística para ver mi vida personal.
-El chico de los mandados te dijeron...
-Está muy bien. No es que yo sea o no sea el chico de los mandados. Con mi mujer pretendemos seguir teniendo una división del trabajo en casa. Cambio pañales, cuido a mis nenes, los llevo todas las mañanas al colegio. El Ministerio de Economía es un puesto de trabajo y de combate. Todo lo que pasa en el país tiene algo que ver con el Ministerio de Economía, pero no quiero resignar mi vida ni la educación de mis chicos ni lavar los platos. Son cosas que las hago con mucho orgullo.
-¿Te movés únicamente en Parque Chas o la Comuna 12 también te resulta familiar?
-La Comuna 12 también porque el jardín de mis chicos estaba ahí. Ahora están yendo a una escuela primaria que queda cerca de Coghlan. El centro comercial del barrio está en Villa Urquiza, más que en Parque Chas. Aún así tenemos el club enfrente de casa y nos encanta ir a Agronomía. Tirar la lona en el pasto y pasar un fin de semana. Lo que pasa es que uno se convirtió, además de funcionario, en una figura pública, pero afortunadamente nuestro barrio tiene bastantes partidarios del Gobierno.
-Es cierto, en la Comuna 15 el kirchnerismo suele medir por encima de la media de la Ciudad. En la Comuna 12, en cambio, el panorama político es distinto.
-La fuerza política de referencia en la ciudad es el PRO, como en otros lugares también es el oficialismo. Los votos de Macri eran más fuertes en el norte de la ciudad, el centro estaba más bien dividido y había una intensidad mayor del FPV en el sur. Ahí hay un aspecto económico, porque a nadie se le escapa que las zonas de mayor poder adquisitivo e ingreso están en el norte, las de menor están al sur y en el centro está esa franja más indeterminada. En el balotaje se notó que Macri ganó más en el norte de la ciudad que en el sur. Efectivamente, esto quiere decir que hay un discurso orientado a ciertas capas de ingreso adentro de la misma Ciudad. Con esto, nosotros tenemos una posición muy clara. Creemos en la necesidad de un Estado presente en salud y educación pública para los sectores más vulnerables. Pero hay una equivocación muy fuerte ahí, porque en la Ciudad de Buenos Aires tenemos, indudablemente, el distrito más rico de todo el país. Esa riqueza no deriva de las políticas municipales, sino de la situación económica general. En la Ciudad, muchos tienen ingresos suficientes como para pagarse la educación privada y la prepaga. Esto es un hecho que exime al Gobierno de la Ciudad de una mejor salud y educación públicas. Pero hay un engaño, porque la verdad es que hay gente que manda a sus hijos a un colegio privado porque registra que la educación pública está bastante abandonada en la Ciudad. Esto equivale a meterte la mano en el bolsillo, déjenme decirlo crudamente. Terminás pagando tres, cuatro o cinco mil pesos de prepaga o de la escuela para tus nenes, cuando te los podrías ahorrar.
-El gobierno porteño se jacta de que muchos chicos de la provincia de Buenos Aires van a las escuelas o los hospitales públicos de la ciudad...
-Sí, pero después no hay vacantes para nuestros nenes y terminás yendo al sector privado. Yo digo que es plata que te robó el gobierno, un impuesto por su ineficiencia.
-Es interesante lo que señalás porque en los años 70 todos íbamos a la escuela pública y nos atendíamos, por ejemplo, en el Hospital Pirovano.
-Claro, han discriminado a través de la calidad, lo cual es espantoso. Porque si hubiera un buen trabajo serio en salud y educación públicas serían opciones mejores que las privadas. Porque no es una cuestión de recursos, sino de interés y de política.
-Pese a esta situación que marcás, ¿por qué le sigue siendo tan adversa al peronismo, y sobre todo al kirchnerismo, la Ciudad de Buenos Aires?
-Lo que creo que pasa es que en las grandes ciudades, donde hay una concentración más fuerte del ingreso, muchas veces cala la cuestión mediática. Se vive en un microclima económico que a veces lleva a una situación también cultural. Se vive como si el país fuera la Capital Federal y no es cierto. Hay otras realidades y el FPV ha trabajado mucho en la federalización y en la distribución de la riqueza. El hecho de querer hacer un país federal y poner la mirada en las zonas más olvidadas de la Argentina no es sacarles a los ricos para que tengan más los pobres. Ganamos todos. Miren, yo fui al Colegio Nacional de Buenos Aires, que es público, y después estudié y me doctoré en la UBA. No me doctoré afuera. Es medio pudoroso decirlo, pero me terminé recibiendo con uno de los mejores promedios en el Nacional de Buenos Aires y en la Universidad. Yo podía acceder a becas para irme al exterior. Esta historia no la conté nunca: cuando me recibí, me vinieron a buscar de una universidad privada muy grande, de las más extranjerizantes, para que hiciera una maestría o un doctorado. Me llamaron a mi casa como quien va a las inferiores de un club a llevarse a algún jugador. Pero yo dije: “Mi doctorado lo voy a hacer en mi universidad”, porque ya era docente ahí. Hay muchos argentinos que tienen un pensamiento equivocado: creen que cuando les va bien es por su propio esfuerzo y cuando les va mal la culpa es del Estado. Pero también te puede ir bien por el Estado y por un proyecto nacional.
-¿A qué alude el término “nacional y popular”?
-El movimiento al cual pertenezco es nacional -porque mira más a la Argentina que a los de afuera- y popular, pero no pensado para sacarle a algunos y darle a otros. Creemos que se le puede dar a todos juntos y eso es lo que pasó en nuestro país en los últimos años. Cuando los porteños nos miramos el ombligo y pensamos que todas las políticas tienen que ser para nosotros o peor, que no tiene que haber política porque tenés un pensamiento muy liberal, terminamos estrellados como en 2001. Esa es una colonización cultural. Los porteños siempre fuimos, por ejemplo, de escuchar bandas extranjeras, algo que quizás no pasa en el resto del país. Tenemos muchos prejuicios con los del interior. Hay que romper con eso, sino no vamos a poder reconstruir la Argentina y darle una posición en el mundo. Tenemos que reconciliarnos, dejar de dividir al país entre ricos y pobres o porteños y provincianos.
-Ya que estás hablando de una división, ¿evidenciás en la sociedad un quiebre entre los que están a favor y en contra de este Gobierno?
-Es lo que ellos llaman la grieta. Yo lo veo como una vuelta de la política en la Argentina. Hay un regreso de la política y es muy importante verlo así, para valorarlo también. Yo no le tengo miedo a las discusiones, siempre y cuando sean con respeto y constructivas. El hecho de que se discuta de política en las familias y en los bares es un patrimonio de este Gobierno. La discusión política es algo positivo. Si te dicen que no existe más la política o que no hay que discutir de política te están estafando. Lo que pasa es que la política ahora caló en todo el mundo y eso es muy bueno. Los argentinos no somos gente tranquila. Discutimos de fútbol a los gritos. Es más, mucho más a los gritos y en forma violenta están los opositores al Gobierno. Nunca he visto a un kirchnerista gritarle “chorro” a un macrista y mirá que tienen causas penales, que están en los Tribunales, mirá que son empresarios muchos de ellos.
-¿Creés que hay más protección a los funcionarios del PRO?
-Sí, protección mediática. Hay algunos diarios que son opositores y que se leen mucho en Capital, como Clarín y La Nación. Mirá lo que pasó el otro día con Víctor Hugo Morales. Nos dijeron que íbamos a perseguir periodistas, que íbamos a meterlos en la cárcel, mandarles la AFIP... La única vez que hubo un allanamiento fue contra un periodista que está de acuerdo en mucho con nosotros. Y miren quién hizo el primer allanamiento a un periodista.
-El Grupo Clarín dijo que fue un embargo preventivo, no un allanamiento...
-Fue espantoso, estaba el coloradito de Clarín adentro de la casa de Víctor Hugo. Fue una violación de su intimidad por parte del abogado de Clarín. El primer allanamiento a un periodista en Argentina lo hizo Clarín por orden y cuenta de Clarín. La pasión es algo de los argentinos, nadie se asuste de eso mientras no te rompan una botella en la cabeza o no te insulten cuando estás con tu familia.
-A vos te pasó en Buquebus, en un viaje familiar a Uruguay...
-Era la época en donde había cacerolazos por el dólar. El derecho humano inalienable de los argentinos es comprar todos los dólares que quieren sin tener que rendirle cuentas a nadie. Nosotros pusimos una regla que ellos llaman cepo cambiario. La regla es que para comprar dólares tenés que explicar de dónde sacaste esa plata. Si es del negocio ilegal, si no pagas una factura, si no querés pagar tus impuestos, no podés acceder a los dólares para el ahorro. Me parece que todos estamos de acuerdo con eso. Lo que pasó ese día en Buquebus fue muy doloroso. No quiero ni acordarme porque me parece que estuvo inducido. Yo acumulo 22 semáforos rojos de Clarín este año. O sea que el lector de Clarín la imagen que tiene de mí es roja y esto no es casual, es una campaña mediática de hostigamiento ideológico, una persecución. Nunca desde que soy ministro en el diario Clarín vas a ver mi nombre asociado a algo positivo. Hay gente que lamentablemente se deja guiar por esas cosas. Pero mirá qué paradójico, porque estábamos en un barco y me insultaban por no poder comprar los dólares. ¿Con qué viajaban, con Patacones? Me insultaban porque no se podía viajar a afuera y estaban en un barco yéndose al exterior. Hay un reducto de la sociedad argentina que está muy enojada, tal vez no les gustan las cosas que hacemos o quizá nunca les gustó ningún gobernante ni la política. Tal vez si iba sentado Martínez de Hoz lo aplaudían, no lo sé. Fue muy doloroso, pero no pasó nunca más. Yo camino libremente por el barrio, voy a hacer las compras, todo el mundo sabe dónde vivo. No pasa naranja. Voy a comer a la parrillita de la esquina o a algún otro bar. Llevo a mis hijos, vamos a los cumpleaños... Es un reducto muy chiquito de gente. Además esa semana había habido una campaña en los diarios muy intensa contra mí. Decían “El ministro ahorra en dólares e invierte en Uruguay”. Yo tenía unos dólares ahorrados desde siempre, ahora no viene al caso, eran unos 30 mil dólares que los puse en mi declaración jurada. Nadie sabe los nombres de los que tienen tres mil millones de dólares en el HSBC de Suiza, eso sí es ahorrar en dólares. Mi casa en Uruguay la tengo desde 2005, cuando ni siquiera era funcionario público. Es mi casa, la hice yo, con mis manos, hasta instalé la electricidad. No vengo a profesar humildad, no soy franciscano. Soy político, soy trabajador, soy laburante, mis ahorros son claros, aparecen en mi declaración jurada. Cuando les inician causas a algunos políticos amarillos no aparecen en ningún lado. Cuando un tipo del PRO me inicia una causa a mí, aparece en todos lados. Entonces yo ya sé cómo son estas cosas, pero me dedico a la política. Lo que me gusta es que podamos discutir cuál es el modelo de país que queremos, no si yo soy bueno o soy malo.
-En tus orígenes en el Colegio Nacional de Buenos Aires te describían como un alumno brillante, introvertido y medio “bolche”. ¿Era así realmente?
-Vamos a hablar de mi infancia, de mi pubertad (ríe). Cuando entré en el 84 era la primavera alfonsinista y me postulé en mi división de delegado. Fui delegado tres o cuatro años, ahí fue cuando conocí a Mariano Recalde, que también tenía esa función. El Centro de Estudiantes lo conducía la Federación Juvenil Comunista, la FEDE se llamaba, que antes lo había dirigido en la clandestinidad porque estaba prohibido. ¿Se acuerdan la noche de los lápices? Hubo muchos desaparecidos en el Buenos Aires, una historia muy negra. Cuando volvió la democracia yo formé de un Centro de Estudiantes que era conducido en ese momento por la izquierda, pero nunca fui del Partido Comunista ni afiliado de la Federación Juvenil Comunista. Sólo era delegado de mi curso. En ese momento había un movimiento anti-imperialista muy fuerte que estaba encabezado por Franja Morada. Cantábamos temas de Silvio Rodríguez y festejábamos la vuelta del latinoamericanismo. Fui parte de una generación que se decepcionó mucho cuando terminó el discurso de Alfonsín de “Felices Pascuas, la casa está en orden”. El gobierno estaba muy asustado por los levantamientos militares, como el de La Tablada, y por los golpes económicos. El tema de los derechos humanos era central. Yo milité por los derechos humanos, conozco a las madres y a las abuelas de Plaza de Mayo desde esa época. El de Alfonsín no sé si fue un gobierno de izquierda o de derecha, porque esas categorías son difíciles de explicar ahora. El gobierno de Alfonsín trató de hacer una movida fuerte por los derechos humanos, hizo el Juicio a las Juntas Militares, pero se quedó a mitad de camino. Trató también de levantar un programa económico más nacional y popular, de crecimiento e inclusión, pero también se quedó a mitad de camino. Lo condicionaron los militares y actuó con miedo. Después se fue todo a la banquina. ¿Hasta cuándo? Hasta que Néstor Kirchner levantó de nuevo la bandera de los derechos humanos después de esa noche neoliberal que hubo en los 90 y fue a fondo, hasta el final. Juzgó a todos, a los que secuestraron y apropiaron bebés e incluso a los que estaban atrás de los militares. Ahí me cierran dos ideas muy fuertes: atrás de la desaparición de personas había un programa económico. Atrás de Videla estaban Martínez de Hoz, las empresas, los intereses, los bancos, el Fondo Monetario Internacional y todo lo que bancó esa política económica. Y después en los 90 apareció de nuevo con los indultos. Entonces se juntan economía y derechos humanos. Milité mucho en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en la Comisión de la Memoria, que se dedicó a buscar a los desaparecidos de la universidad. Acá en el ministerio de Economía también lo hicimos: llamamos al patio de abajo el “Patio de la Memoria” y se lo dedicamos a los desaparecidos (se le quiebra la voz por la emoción).
-¿Qué opinás de la candidatura de Daniel Scioli? No se puede negar lealtad, pero parecía que el sucesor de Cristina era Florencio Randazzo...
-Ha demostrado más que lealtad. También la gente se va transformando. No lo conozco personalmente a Scioli y no soy su psicólogo, no sé lo que en su raíz es y piensa. Lo que yo veo es su práctica política. Ha acompañado a Néstor y a Cristina, ha estado siempre del lado de este proyecto y hoy, cuando uno lo oye hablar como candidato, cuando le ha tocado un papel tan protagónico, de lo que habla él es de kirchnerismo puro. Entonces, la gente que lo va a votar lo va a votar por su proyecto y ése es nuestro proyecto. Además se armó una fórmula con una persona que acompañó a Néstor y a Cristina desde los años 80, como es el caso de Carlos Zannini. Creo que Daniel es un hombre al cual no se le puede cuestionar su lealtad y que ha dicho también que quien conduce este movimiento y el FPV es nuestra presidenta, Cristina Fernández de Kirchner.
-Ya que hablamos de cuestiones ideológicas, a veces se plantea que el kirchnerismo es parte del movimiento peronista, pero quizás tiene una tendencia de izquierda.
-A mí me gusta la definición de Cristina: es un movimiento nacional. Lo que más nos interesa son las cuestiones que tienen que ver con los intereses permanentes y con la soberanía de nuestra nación. Una nación no es otra cosa que su pueblo. No somos populistas, somos populares, así nos reivindicamos. Y democráticos porque creemos fuertemente en la democracia y la defendemos. Las categorías izquierda y derecha no es que no sirvan o que estén viejas, sino que son confusas. Me acuerdo cuando Mirtha Legrand dijo “Se viene el zurdaje”. Ella es una persona que ha estado cerca de Videla y Massera, tiene fotos con todos ellos. Nosotros no.
-Hace poco dijo que Cristina era una dictadora...
-Mirtha Legrand es inimputable a esta altura, porque es una señora mayor. No vale la pena pelearse. Hay mucha gente que le tiene mucho cariño y, como somos populares, también respetamos a la gente por la que el pueblo tiene cariño. Hay que también saber distinguir cuando Mirtha habla de sus temas, que son la comida, el almuerzo, la farándula, pero cuando se mete con la política ella tiene su postura clara. Tiene su posición, está en contra de este Gobierno. Y está muy bien, nadie la ha perseguido y nadie le pide que saque su programa. Incluso muchos funcionarios de nuestro Gobierno van a sus almuerzos y usan la sordera selectiva para que diga lo que quiera decir. Discutir de política con Mirtha es como pretender discutir de tenis con Del Potro.
-Cuando se analiza el rechazo al kirchnerismo surge que las razones son más de forma que de fondo. Intolerancia, abuso de la cadena nacional, cepo cambiario... ¿El rechazo es más emocional que racional?
-Hay un fenómeno en este país que se denomina antiperonismo. Yo, que provengo de una tradición no peronista o de una trayectoria personal no peronista, te puedo decir que lo he vivido en el seno de mi familia. Me pasó con gente muy cercana, cuando me acerqué al Gobierno y empecé a participar activamente. No quiero dar detalles porque pertenece al plano personal. Al principio, cuando no era parte del Gobierno, como todo intelectual, tenía mis críticas y mis aplausos al Gobierno. Me gustaban cosas y otras no. Después te sentás acá y te das cuenta de que no es tan fácil. Gobernar es una responsabilidad muy grande, uno no puede hacer lo que se le canta en roles de gobierno, tiene que buscar un equilibrio y siempre tener en claro cuáles son tus objetivos para beneficiar al conjunto. Hay tiempos políticos, hay tiempos económicos. Muchos dicen del kirchnerismo que hay cosas que están bien, pero se tendrían que haber hecho antes. Pero estando acá te das cuenta de que hay tiempos políticos, no todo se puede hacer el primer día. Pero yo me propuse algo: explicar todo a fondo. Y eso es lo que me critica la prensa, que yo hablo largo. Lo que pasa es que me toca una materia difícil, como la economía, muy técnica. Nos han hecho creer a todos que determinado discurso económico es el único posible. Pero hay otra economía. No es cierto que haya una sola economía. No hay un pensamiento único, es una mentira. La economía más consagrada en la academia está del lado de los que más tienen. Pero hay una economía que piensa más en la gente, en el pueblo. Incluso en la clase media. Mucha clase media cree que la economía de Harvard o de MIT (Massachusetts Institute of Technology) es la que más le sirve. Y no, va en contra de las clases medias y a favor de los intereses concentrados. Pero se ha impuesto como un discurso único en la economía. Entonces vos me preguntás qué es la inflación y yo digo que muchas veces nos han hecho creer que la inflación no tiene nada que ver con la concentración económica, cuando es al revés. En países como el nuestro, muchas veces los precios crecen porque en determinados rubros hay muy pocas empresas que los manejan, porque no hay competencia. Entonces, el único que vende acero -y además consigue que el Estado no deje entrar acero del exterior- va a venderlo al doble del precio. Y eso nos pega a todos en el bolsillo. No depende del gasto público, que es un pedacito tan chiquito en la torta del país que no puede mover el amperímetro. Yo no genero inflación porque no fijo precios.
-Y la emisión monetaria, de la que tanto se habla, ¿no influye en la inflación?
-Es un verso eso. ¿Saben cuál es el país que más moneda emitió en los últimos diez años? Emitió tanta que le sale por las orejas y si abre la boca le sale por la boca. Fue Estados Unidos. Quintuplicó la cantidad de dólares y hace siete años que la economía norteamericana está en deflación. Emiten dólares y en Europa, con los euros, ni hablar. Lo mismo está haciendo Inglaterra, que no tiene la misma moneda. Multiplicó por ocho la emisión monetaria y no es inflacionaria.
-¿Estamos derribando un mito?
-Sí, es una falacia económica que nadie la cree en la academia. Lo voy a decir porque estamos en el barrio: lo hacen para la gilada, para echarle la culpa al Gobierno de algo que es culpa del capital concentrado de la economía. No quiero decir que todo depende de las cinco empresas que manejan los insumos básicos, pero es un 70 a 30 por ciento de responsabilidad. Me tocó a mí encabezar una discusión de este tipo porque hubo un corrimiento cambiario. Ahora Brasil devaluó más de un 30 por ciento. ¿Se fue o no se fue a los precios? No. En la Argentina se mueve el tipo de cambio un 20 por ciento y hay una inflación del 20 por ciento en un día. ¿Por qué? Es un fenómeno económico por la concentración que tenemos. Esto se cura con más defensa de la competencia, con una democratización de la economía argentina.

-¿El programa Precios Cuidados atenuó el crecimiento inflacionario?
-Voy a hablar primero desde la oposición. Me dijeron que iba a ser un ministro que iba a ser protagonista de un espiral hiperinflacionario. ¿Se acuerdan? Un segundo le pido al lector. Ahora todos reconocen la desaceleración sustantiva de los precios y, sin embargo, dicen que hay más gasto público, más emisión. Bueno, muchachos, reconozcan la bancarrota intelectual y teórica. Porque si hay más gasto y más emisión, en su escuela de pensamiento tiene que haber más inflación, pero hay menos. ¿Cómo es que la inflación bajó 15 puntos? Decían que era 40 por ciento y subiendo y ahora dicen que es 25 por ciento y bajando. El programa Precios Cuidados fue sustancial. No por los productos que están, que son unos quinientos y pico, sean los que todos los argentinos consumimos y abarquen la canasta, sino porque esos productos se convirtieron en una referencia para que ni el comerciante ni el empresario puedan cargarle mucho más a los productos que están fuera de Precios Cuidados. Entonces uno puede elegir comprar con Precios Cuidados o comprar fuera del programa, pero sabe cuánto sale. Y eso es fundamental para que cada argentino cuide su bolsillo de los abusos.
-¿De cuánto reconocés que es la inflación en la actualidad?
-Yo digo que oscilará entre el 18 y el 20 por ciento. Tengo miedo de haberme quedado largo en el número, porque ya los privados están diciendo menos.
-La depreciación del peso en estos 14 años, luego de la salida de la convertibilidad, debe andar por el mil por ciento. ¿Se analiza emitir billetes de mayor denominación?
-Voy a decir algo que me parece importante. Voy a buscar el número preciso (se toma unos segundos y mira en el celular). Estados Unidos lanzó el billete de 100 dólares, que es el más largo que tiene, en 1929. La inflación reconocida, acumulada hasta ahora, es de 1.280 por ciento y sigue con el billete de 100 dólares. Pero podemos discutirlo, no es algo a lo que nosotros nos aferremos.
-Como última consulta, ¿la postura del Gobierno con respecto a los fondos buitre va a seguir siendo la misma hasta diciembre?
-La postura siempre fue la misma, nunca cambió y es la siguiente: nosotros negociamos con todo el mundo si del otro lado negocian. Cuando del otro lado te encontrás con un sector cuya naturaleza es no negociar, porque querían ir a juicio para cobrar todo, es como negociar con rehenes. El Gobierno negocia, pero sin rehenes. Hoy han conseguido al juez Thomas Griesa y es una metáfora de Duro de Matar, de Bruce Willis. Si a vos te tienen con la amenaza de que tienen a tu nene y a tu mujer secuestrada y te piden que negocies, es muy difícil. Y lo que digo yo es que eran falsos rehenes porque, al final, esa metralleta que tenían era de cebita y no servía para nada. Argentina funciona bien, hemos conseguido mil quinientos millones de dólares y tuvimos ofertas casi por tres mil cuando salimos a colocar afuera. Nada de lo que dijeron era verdad. Nosotros seguimos igual. Cuando vengan a acá a negociar lo haremos como corresponde, como hemos negociado con el Club de París, con Repsol o con los holdouts que entraron en la restructuración de la deuda. Los que tienen una posición más política en esto son ellos. Nosotros tenemos una posición bien clara y económica: vamos a arreglar todo el despelote que nos dejó el menemismo en la Argentina, que hoy justamente son el macrismo y los radicales cuando se presentan en el frente Cambiemos. Todos ellos eran parte de los gobiernos de Menem y De la Rúa. Ellos emitieron deuda que después terminó en el default, pero nosotros lo vamos a arreglar. Nosotros somos el Gobierno del arreglo, ellos son el Gobierno del desastre.
Agradecemos a Jésica Rey y Lorena Gómez, asistentes de prensa del ministro Axel Kicillof, por su aporte fundamental en la realización de esta entrevista.

CITAS
“Con mi mujer pretendemos seguir teniendo una división del trabajo en casa. Cambio pañales, cuido a mis nenes, los llevo todas las mañanas al colegio, hago las compras los fines de semana en el chino...”
“Hay gente que manda a sus hijos a un colegio privado porque registra que la educación pública está bastante abandonada en la Ciudad. Esto equivale a meterte la mano en el bolsillo, déjenme decirlo crudamente”
“Los porteños siempre fuimos de escuchar bandas extranjeras, algo que quizás no pasa en el resto del país. Tenemos muchos prejuicios con los del interior. Hay que romper con eso, sino no vamos a poder reconstruir la Argentina”
“El derecho humano inalienable de los argentinos es comprar todos los dólares que quieren sin tener que rendirle cuentas a nadie. Nosotros pusimos una regla: para comprar dólares tenés que explicar de dónde sacaste esa plata”
“La economía más consagrada en la academia está del lado de los que más tienen. Pero hay una economía que piensa más en la gente, en el pueblo. La economía de Harvard va en contra de las clases medias”
“Vamos a arreglar todo el despelote que nos dejó el menemismo en la Argentina, que hoy justamente son el macrismo y los radicales cuando se presentan en el frente Cambiemos. Ellos emitieron deuda que después terminó en el default”
M. B. y R.L.

HISTORIAS DE VIDA

En la Argentina, más de 200 personas que recibieron un órgano se dedican al deporte competitivo; historias de campeones mundiales y atletas que hicieron de un trasplante el trampolín para nuevos desafíos
Alberto se lo pide y Concepción lo complace raudamente. La mujer se pierde en la casa de Don Torcuato y regresa con una caja que parece a punto de explotar; allí no entra un objeto más. La coloca sobre la mesa de la cocina-comedor, frente a la mirada de Alberto, y la abre para mostrar las medallas de todo tipo que el hombre ha ganado en distintas competencias de atletismo. Doradas, plateadas o de bronce, sostenidas por cintillos verdes, rojos, azules, todas tienen una historia, al igual que los trofeos que descansan en una repisa, muy cerca del teléfono. Alberto Domínguez vive en Don Torcuato con su esposa, María Concepción Jurado, una española con la que está casado desde hace 40 años. Con ella ha compartido los hechos más importantes de su vida, entre ellos el trasplante de hígado al que debió someterse por culpa de una hepatitis B fulminante que lo tuvo contra las cuerdas cuando tenía 47 años. Junto a ella se convirtió en un deportista capaz de ganar unamedalla dorada en el último mundial para trasplantados, que se hizo en Durban, Sudáfrica, a pesar de competir en malas condiciones físicas y eludiendo las indicaciones médicas que le pedían que no lo hiciera. Es que Alberto padecía una obstrucción en sus vías biliares, algo que lo llevó otra vez a una lista de espera, de la que salió a flote tras un segundo trasplante hepático que se realizó el 8 de mayo.
En la Argentina, los deportistas trasplantados son más de 200 y 55 de ellos integran la selección nacional que dirige Carlos "Pipo" Lirio, un profesor de educación física que desde 1995 vive gracias a un trasplante de corazón. Algunos hacían deporte antes de necesitar un órgano para esquivar la muerte y anhelaban dedicarse a la competencia plena; pero la mayoría no imaginaba poder representar al país en campeonatos internacionales obteniendo victorias. El trasplante los hizo tomar impulso y encarar objetivos que, de no haber pasado por ese trance, ni siquiera se hubieran planteado. A partir de la situación límite que les tocó vivir, se llenaron de renovadas energías, se enfocaron en el entrenamiento y usaron el deporte como excusa para superarse y demostrar que se puede. El caso de Alberto, que atendía una gomería y nunca se había relacionado con el deporte competitivo hasta que lo conoció luego del trasplante, no es aislado. Cualquier lunes, en la pileta del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), uno puede encontrar a Pablo Rodríguez, un joven de 30 años que recibió un riñón de parte de su padre y hoy es doble medallista mundial. Pablo se enfermó al año y medio de vida y nunca había tenido la posibilidad de acercarse al deporte, hasta que el trasplante lo empujó y ya no paró. En esa misma pileta nada Mariana Garófoli, 35 años, medalla de bronce a nivel latinoamericano en 50 metros pecho. Tiene un trasplante renopancreático que debieron realizarle por los problemas que le produjo su diabetes. Perdió la vista de un ojo y una medicación le alteró el equilibrio. La danza era la única actividad física que había realizado, hasta que se cruzó con Lirio en una clase de inglés y se enteró de la existencia del grupo de deportistastrasplantados. Aunque una lesión en su pierna no le permitiría competir, espera ansiosa el mundial 2015, en Mar del Plata, entre el 23 y el30 de agosto.
De prepo al hospital
Héctor Castro estaba vinculado al deporte, al fútbol más precisamente. Jugaba en la cuarta de Chacarita cuando lo sorprendió una insuficiencia renal que lo sacó de las canchas y lo metió de prepo en un hospital. Su hermano Ángel le donó el riñón que hoy le permite vivir y ser un atleta capaz de correr los 100 metros llanos en 11 segundos y 6 décimas, sólo 4 décimas por debajo del récord mundial para trasplantados. El nadador Hernán Sachero, de 36 años, comparte con Héctor el haber estado cerca del deporte antes de un trasplante de riñón y haberse consagrado después. Hacía waterpolo, pero no se lo tomaba demasiado en serio. Nunca imaginó que, luego del trasplante, lograría cuatro medallas mundiales en Sudáfrica y quedaría a 28 centésimas de segundo del récord mundial de los 100 metros pecho.
"Estaba gordo, pesaba 145 kilos. Me calzaba a la mañana y, a la tarde, ya tenía los zapatos reventados, era una bola de líquido en los tobillos. Un día, me levanto para ir a trabajar a la gomería y me caigo. No me pude enderezar. Me llevaron al Hospital Argerich y me dijeron que había que trasplantar", cuenta Alberto Domínguez (65). Ese trasplante tardó un año y medio en llegar. Luego del trasplante hepático empezó a moverse en un gimnasio de Don Torcuato, donde un compañero lo invitó a correr una maratón de 9 kilómetros. En 1998 se unió al grupo de deportistas trasplantados, del que se enteró por televisión. 

Compitió en torneos nacionales y sudamericanos con victorias constantes. Los mundiales le resultaron esquivos hasta que en el último, que se realizó entre el 28 de julio y el 4 de agosto de 2013, logró la medalla dorada que tanto esperaba. Un mes antes le habían detectado un problema en las vías biliares y los médicos le habían dicho que podía ir al mundial, pero sólo a alentar a sus compañeros. "Preparame la ropa que yo voy a correr igual", le dijo a Concepción. Llegó cuarto en 5000 y 1500 metros. En la prueba de 400 ganó la presea dorada. "Yo me enfermé al año y medio de vida. Mi abuela se dio cuenta de que no mojaba los pañales. Tuve una insuficiencia renal crónica. Hasta los 13 años, que fue cuando me trasplanté, llevé una vida de dieta, con poco consumo de agua y diálisis a partir de los 12. El donante fue mi viejo", relata Pablo "Picu" Rodríguez. Su problema de salud lo obligó a perder un año de escuela, el sexto grado. Es de Misiones y debió trasladarse hasta la ciudad de Buenos Aires, donde hoy vive, para tratarse en el Hospital Italiano. Luego del trasplante y varias complicaciones, Picu comenzó una vida nueva que lo llevaría al deporte. "Recién a los 14 o 15 años, cuando terminé el colegio y nos quedamos en la Capital, pude tener una vida más cotidiana", explica. "A través de mi médico llegué al Programa Deporte y Salud del Cenard. Averigüé y en 2012 se hacían los torneos nacionales. Pipo me invitó a participar y gané medallas de oro y de plata. Me dijo que había chances de ir al mundial de Durban. Ahí empecé a entrenarme con más fuerza. Gané medley individual y la posta de medley", resume Picu, que trabaja en un local de venta de productos regionales. Cuando cruza la avenida Luis María Campos, en el barrio porteño de Belgrano, Mariana Garófoli parece una mujer frágil. Escabulle su delgada fisonomía entre la marea de taxis y colectivos para llegar al bar en el que habla . La síntesis de su joven vida muestra que es una luchadora y que la fragilidad no es, ni por asomo, una de sus características. Mariana es nutricionista y trabaja en el Hospital Militar Central. Tiene diabetes y es insulinodependiente. "Empecé con problemas renales y de vista a los 14 o 15 años. Entre los 16 y los 17 me hicieron muchas cirugías porque tenía retinopatía diabética. Mientras me operaban para salvarme los ojos trataban también de salvarme los riñones. Desde los 16 a los 19 fue un deterioro parejo, entre los riñones, la diabetes y la vista. En 2000, en el mismo momento que empiezo con diálisis ingreso en lista de espera para trasplante de riñón y de páncreas. Ese mismo año se me produce un desprendimiento de retina y pierdo la visión del ojo derecho", cuenta. Tras seis años en lista de espera llegó el trasplante. "Cuando me trasplanté estaba en una situación límite. La diálisis tiene mucho de bueno, pero me generó una osteoporosis severísima. A veces me levantaba a la mañana y tenía fracturado un tobillo", explica. Después de la operación, Mariana se encontró con el deporte. "Conocí el grupo por medio de Carlos Lirio, que estudiaba inglés conmigo. Empecé con ellos en julio de 2012 y en noviembre estaban los juegos latinoamericanos; nadé y gané la medalla de bronce en 50 metros pecho". Mariana atribuye al trasplante esta vida de deportista. "Nunca pensé que iba a terminar compitiendo por medallas. Haberlo hecho se lo debo al trasplante y a mucha gente que se dedica a que tengamos nuestro lugar", afirma la joven, que vive sola, en la ciudad de Buenos Aires. Una rápida radiografía de Héctor Castro, hecha a golpe de vista mientras ata su moto en la esquina de una pizzería, frente a la plaza de Flores, lleva a descubrir que el hombre es un velocista de cualidades. Su aspecto fibroso y su estatura mediana encajan en el prototipo de atleta de distancias cortas.
El sueño de llegar a la primera división de Chacarita, que guiaba la vida de Castro, de repente se cayó. "Tenía 19 años, era fines de 1998. Me estaba entrenando con la cuarta. De un día para el otro me levanto con los tobillos hinchados. Voy al médico de la primera y me dice que la razón era una retención de líquidos. Me preocupé cuando los estudios marcaron que la capacidad renal había disminuido. Me dijeron que estaba la posibilidad de la diálisis y terminar en un trasplante renal", rememora. "Estuve tres años en lista de espera y me donó mi hermano mayor [Ángel]. El trasplante se hizo el 16 de noviembre de 2001 en el hospital Castex", explica Castro, que trabaja en una distribuidora de mangueras, en Ciudadela, y como entrenador de atletismo, en el Parque Avellaneda.
Castro, que vive en Lomas del Mirador con sus padres y dos hermanos, cuenta que probó con diferentes deportes hasta que en un control en el Castex se enteró de que había deportes para personas trasplantadas. "Me anoté en unos [juegos] bonaerenses, en Mar del Plata. Me empecé a meter en el atletismo. Me entre né solo y para 2009 fui al mundial de Australia. Salí segundo en 100 metros y gané el bronce en 400". Su figura se agigantó en los mundiales siguientes. "Después de Australia, los juegos se hicieron en Suecia. Saqué medallas de bronce en 100 y en 200 metros; en 400 quedé cuarto. En Durban fue mi mejor actuación: medalla de oro en 100 metros, 200 y salto en largo, y bronce en 400 metros. De caradura me anoté también en salto en alto y saqué medalla de bronce", cuenta entre orgulloso y tímido el deportista, de 36 años.
Una nueva vida
Sería fácil calificar la vida de Sachero como un antes y un después desde el trasplante renal, pero no hay figura más adecuada que ese juego de palabras para contar su historia. Vanina, su hermana, fue la donante. "Pesaba 107 kilos, vivía de noche, fumaba y tomaba alcohol. A los 30 años decidí hacerme un chequeo. El médico me dijo que había un problema renal. Tenía la creatinina en 5.9, cuando el máximo es 1.5. Fui a un especialista y quedé internado en la Clínica IMA, de Adrogué. Me hicieron estudios y me dijeron que tenía un riñón atrofiado que no funcionaba, y el otro funcionaba en un 40%. Así que me tenía que trasplantar", indica Hernán. La operación fue el 25 de abril de 2011, en el Sanatorio Anchorena. La recuperación lo encontró acompañado de su computadora. "Me comuniqué con Carlos Lirio, le conté que recién me habían trasplantado y me dijo que tenía que esperar y arrancar en una pileta de mi lugar", cuenta Hernán para graficar la ansiedad que tenía.
"En los Juegos Argentinos y Latinoamericanos de 2012 arranqué a competir con mis pares y gané siete medallas. Aunque lo primordial es el mensaje de concientización, si no hubiera ganado no hubiera sido lo mismo", admite. En Durban ganó la medalla de oro en 100 metros pecho (quedó a 28 centésimas del récord del mundo), la de plata en 50 metros espalda y en la posta 4x50 libre, y el bronce en 100 metros libre. Los trasplantados que se entrenan en el Cenard no suelen ser muchos. De los 55 del seleccionado, pocos pueden acercarse hasta el centro de entrenamiento que usan, por ejemplo, las Leonas. Algunos de ellos impresionan por sus logros, como Ariel Baragiola, tenista, de 40 años. A los 18 le trasplantaron un riñón, que le donó su mamá. Es el argentino récord en medallas en juegos mundiales para trasplantados, con 18 doradas, y preside la Asociación de Deportistas Trasplantados de la República Argentina (Adetra).
El corazón de Cristian Navamuel se fundió a los 33 años y hoy, con 38, un trasplante lo mantiene en las pistas de atletismo, que frecuentó desde chico. Este salteño de hablar pausado, devoto de Santa Teresita, demuestra en cada palabra su fe, algo que lo ayudó en el trance del trasplante. Hoy puede preocuparse por cuestiones agradables, como elegir qué competencia encarar. Su médico le ha prohibido sus amados 100 metros llanos y duda si hacerle caso. Todo parece indicar que no seguirá la orden.
"El 27 de septiembre de 2009 tuve mucha fiebre y fui al Hospital Naval. Me mandaron a hacer un eco doppler, vieron que el corazón estaba agrandadísimo. Me empecé a desestabilizar. Urgente a terapia intensiva, diuréticos. Cuando vi que apareció mi hermano, que es médico y trabaja en Jujuy; mi tía, que también se vino de Jujuy; mi hija y mi ex esposa, les pregunté por qué venían. Sabían que lo único viable era el trasplante. Un mes después fue el trasplante", repasa Cristian, que trabaja en Caballito como encargado de un edificio. Recuperado, buscando en Internet encontró la página de Adetra. Envió un mail y le contestaron a los cuatro meses. "Viajar a Sudáfrica fue cumplir el sueño de representar a la Argentina. El trasplante me dio ese sueño. Y me dio otro sueño, que es haber podido casarme por Iglesia", resume. En Sudáfrica fue sexto en 100 metros, cuarto en lanzamiento de bala, sexto en disco, décimo en jabalina, salieron segundos en vóley y quintos en la posta 4 x 100.
La difícil inserción laboral
La inserción laboral de los trasplantados no es nada sencilla y los deportistas no son la excepción. Por más que a través del deporte han llegado a sueños impensados, no todo se vuelve color de rosa para ellos cuando les dan el alta. A Hernán Sachero el tema lo moviliza. "Después de los seis meses de licencia por la operación, me reincorporé y me dieron la noticia de que me echaban. A Natalia [su mujer] ya la habían echado un mes antes del mismo lugar. Nos quedamos los dos sin laburo en el peor momento, el postrasplante", remarca.
Para Héctor Castro, su situación es privilegiada. "Es muy difícil para una persona trasplantada conseguir trabajo. La mayoría de los trasplantados que conozco y trabajan es porque entran en la fábrica de un pariente o porque laburan por su cuenta. Yo trabajo de entrenador de atletismo y en una distribuidora de mangueras de Ciudadela, donde conseguí porque soy amigo de una chica trasplantada y su familia tiene la distribuidora. Apenas decís que sos trasplantado, se creen que no podés cumplir", concluye..
J. F. S. 

WINDOWS 10....CONSEJOS PARA NO METER LA PATA

Ahí vamos otra vez: tenemos un nuevo Windows, pero las dudas son las mismas de siempre. Sólo que en este caso, además de la ansiedad por renovar el sistema se suma un atractivo que Microsoft vino a aprender tardíamente: la gratuidad. Según la compañía, 14 millones de computadoras se actualizaron a Windows 10 el primer día. Es lógico. Y es también la primera vez en mucho tiempo, dejando de lado las ventas récord del videojuego Halo, que Microsoft puede exhibir una cifra de este calibre.
Con todo, mi mejor consejo es no apresurarse en general con las actualizaciones del sistema operativo, y mucho menos con este nuevo Windows. ¿Por qué? Porque por mucho esfuerzo que ponga una compañía para depurar su software antes de sacarlo al mercado, la vasta complejidad de los dispositivos digitales y la enorme variedad de hardware y software en danza convierte a la más ambiciosa comunidad de beta testers en una muestra ínfima del total. Dicho en buen criollo, esto significa que Windows 10 (como ha ocurrido con todos sus antecesores) va a salir con unos cuantos errores y cosas por corregir (bugs, en la jerga).
De hecho, un mes exacto antes del gran lanzamiento, el 29 de junio, Microsoft organizó una reunión para un puñado de periodistas, con el fin de mostrarnos Windows 10. No me enteré de nada nuevo, porque vengo probando las versiones preliminares desde hace un tiempo, pero descubrí que incluso en esa delicada instancia (es decir, frente al periodismo), el sistema mostró fallas e inconsistencias aquí y allá. Cierto, le pasó al mismísimo Bill Gates durante la presentación de Windows 95, hace casi 20 años (https://www.youtube.com/watch?v=eKtGXPfabLQ), pero en este caso tuve la impresión de una mayor fragilidad.
Como sistema operativo, me gustó; al menos, me gustó más que el 8, y casi tanto como XP. Y los errores son algo normal en las versiones que todavía no están listas para salir al mercado. Pero muchas de esas fallas continuaron incluso hasta 48 horas antes del lanzamiento, cuando el sistema de actualizaciones de Windows se dio de puñetazos con el de las placas de video de Nvidia (http://www.theregister.co.uk/2015/07/28/windows_10_update_nvidia_driver_conflict/).
Como había anticipado, a sólo dos días de la salida a la cancha de Windows 10 empecé a recibir consultas por un error en la instalación; puede que hayamos avanzado mucho en software, pero las máquinas siguen siendo igual de insolentes cuando algo anda mal. "Error 80240020" (http://answers.microsoft.com/en-us/insider/forum/insider_wintp-insider_update/upgrade-to-windows-10-home-failed-error-details/c63b2689-340d-4adf-80a5-0832c3bfbbc6?auth=1), les decía el instalador antes de cancelar el proceso. Esas son destrezas comunicacionales y no pavadas.
En fin, me temo que no serán los últimos en escribirme para que les traduzca esta esperpéntica jerga. Para los que están sufriendo el "Error 80240020", cualquier cosa que sea, aquí hay algunas respuestas (en inglés) en la Microsoft Community: https://answers.microsoft.com/en-us/windows/forum/windows_10-windows_install/windows-update-installation-failure-80240020/d695e827-9774-4e10-8972-df8d51a7bb51?auth=1
Para sumar nervios, el aviso de que la actualización estaba lista para instalar les llegó a un número de personas, pero no a todas, lo que despertó dudas y sospechas. Es que cuando una compañía dice que va a entregar un nuevo sistema operativo el 29 de julio, el público lo quiere el 29 de julio, no "en los siguientes días y semanas". Así que también me consultaron sobre eso, con el temor de que quizá fueran a perderse el primer Windows gratis de la historia. A decir verdad, y esto será tema de otra nota, hay poco de obsequio en esta movida y, por otro lado, Microsoft sigue cobrándoles a los fabricantes e integradores, costo que continúa trasladándose al precio final de los equipos.
Pero calma. Hay un año por delante. Así que antes de darle OK a la instalación del 10, o antes de preocuparte con la idea de que te dejaron afuera, aquí van recomendaciones, tips y respuestas.
Reservé mi copia de Windows 10, ¿por qué no me llegó todavía el aviso de que está lista para instalarse?
Porque Microsoft está entregando el nuevo sistema por tandas, por lo que algunos tendrán que esperar días o semanas para obtenerlo. En mi caso, en dos computadoras, una con 8.1 y otra con 7, hasta ayer todavía no había recibido la versión final.
Además, el instalador es un archivo de más de 3 GB gigabytes, así que llevará algo de tiempo descargarlo con una conexión lenta. Al margen, Microsoft estrena con esta versión de Windows un nuevo método para descargar actualizaciones, al mejor estilo Torrent, pero aun así habrá que bajar muchos bytes antes de que esté todo OK.
El nuevo mecanismo, llamado Windows Update Delivery Optimisation (WUDO), y sobre el que se puede leer aquí (http://windows.microsoft.com/es-es/windows-10/windows-update-delivery-optimization-faq), ya ha traído turbulencia (http://www.theregister.co.uk/2015/07/31/windows_10_torrent_updates/), pero no es difícil de desactivar y la máquina sigue recibiendo las actualizaciones de la manera tradicional.
Dicho esto, existe una forma de obtener la actualización a Windows 10 ahora mismo. Se trata de la herramienta de creación de medios de instalación, que se descarga aquí: http://www.microsoft.com/es-es/software-download/windows10
Esta herramienta bajará el archivo de imagen del disco de instalación de Windows 10 (estos ficheros se conocen como ISO) y dará la opción de hacer el upgrade del sistema o de crear un CD o un pendrive para hacer instalaciones desde cero. Si se elige actualizar una máquina con Windows 7 u 8.1, también aprovechará la gratuidad que regirá hasta el 29 de julio de 2016, según me confirmaron en Microsoft.
Probé el método en una de mis máquinas y marchó bien, aunque le llevó más de una hora dejar todo listo, y, como adelanté, me encontré con problemas: el menú Inicio y el centro de notificaciones se negaron a aparecer (algo que ya me había ocurrido con versiones preliminares y luego se corrigió; no tuve tiempo ayer de investigar el asunto).
Creo que el método manual sólo es aconsejable para quienes tienen alguna experiencia con computadoras. Gabriel Gordon, director de Windows para Argentina y Uruguay, hizo énfasis, ayer, cuando lo llamé por teléfono para hacerle varias consultas, en que para la mayoría de los usuarios es mejor esperar a recibir la actualización mediante la herramienta "Obtener Windows 10".
Gordon también recomendó ir a Windows Update tan pronto se instale el nuevo sistema, "porque esos bits que se bajan tal vez tienen varios días de antigüedad y ya hay nuevas actualizaciones". Apuesto a que sí.
OK, ¿pero qué hago, actualizo o no?
Creo que es la pregunta que más he oído en los últimos días. Mi primer respuesta es sí, por supuesto (enseguida más sobre por qué conviene actualizar). Pero no hace falta apresurarse. En mi experiencia, lo mejor es aguardar un par de semanas, quizás un mes, hasta que Microsoft haya procesado la descomunal cantidad de información sobre errores que, inevitablemente, va a estar recibiendo, y haya publicado información sobre cómo resolver cada problema. Si usás la máquina para trabajar y no tenés una de muleto, con más razón.
¿Está bueno Windows 10?
Definitivamente, sí. Aunque todavía necesitamos ver cómo reacciona en contacto con las condiciones reales de trabajo, el 10 es mucho más fácil de usar que el 8 y está más al día que el 7. Dicho más simple, es la primera vez que, al menos en lo que concierne al uso, no le encontré nada serio para criticarle (o muy pocas cosas, digamos). En pocas palabras, volvió el Menú Inicio, desapareció esa pesadilla llamada Charm, regresó la cajita de búsqueda, añadieron una muy útil barra de notificaciones, etcétera.
Cuando lo haya usado más intensivamente tendrán una reseña y una guía a fondo, pero prima facie, el 10 es el primer Windows que parece estar a la altura del XP. Sí, incluso en términos de rendimiento. Desiré Athow, de TechRadar, instaló el 10 en una máquina ¡de 12 años! Y anduvo muy bien (http://www.techradar.com/news/software/operating-systems/you-don-t-need-a-crazy-powerful-pc-to-run-windows-10-here-s-the-proof-1288287). Estaré haciendo un experimento de esa clase en mi sólida pero flemática notebook, una Dell de 2009 que vino con Windows Vista y a la que muy pronto le puse un Linux.
Con todo, insisto con que el intento de Microsoft de unificar las interfaces táctiles y las de las computadoras convencionales, algo que ni siquiera Apple se animó a hacer, es una mala decisión. Por ejemplo, en el nuevo Windows 10 sigue habiendo dos paneles de control; esto confunde hasta a los veteranos. Estéticamente, me parece el Windows más feo de la historia, después del 3.1. Pero bueno, eso es opinable (supongo).
Además, y como experimenté ayer a última hora, Windows 10 está bueno siempre y cuando no exhiba uno de esos errores graves que te complican la vida, como que ni el Menú Inicio ni las notificaciones se dignen a aparecer.
Ayer, cuando conté por Twitter que estaba actualizando al 10, varias personas me contaron sus propias experiencias, algunas buenas y otras, no. Por ejemplo, @arlgnzlz me dijo que no había podido instalarlo online, que había tenido que usar un pendrive; @hernangr_ba puso que había tenido que forzar la descarga, pero que después el sistema anduvo bien; @josedalterio, cuando vio que me estaba llevando más de 1 hora, posteó que a él, en una vieja notebook, le había demandado más de 3 horas, mientras que @dcurtino dijo que desde que empezó a bajar el instalador hasta que tuvo todo listo le había llevado sólo media hora. Hubo más intercambios, que ya no pude volcar aquí porque tenía que cerrar la columna, pero mostraban el escenario clásico: cada máquina es un mundo y tomarse un poco de tiempo antes de actualizar un sistema operativo es siempre una buena idea.
¿Qué tengo que hacer antes de instalar el 10?
Teóricamente, nada. Pero recomiendo enfáticamente hacer una copia de seguridad de los archivos personales y otro material importante. Estas actualizaciones en general no son problemáticas (o, si lo son, se cancelan antes de dejarte sin computadora), pero nunca está de más tomar este recaudo. También habría que crear una lista del hardware, por si hace falta instalar drivers o algo por el estilo. Por lo que vi hasta ahora, el 10 es compatible con lo que andaba en 7 y 8, pero ese listado nunca está de más y lleva dos minutos. Podés hacerlo de forma automática con HWiNFO (http://www.hwinfo.com).
No tengo cuenta de Hotmail, ¿necesito una para instalar Windows 10?
No, no es un requisito, pero una cuenta de Microsoft (antes Hotmail, ahora Outlook.com) te dará acceso a 15 GB de espacio de disco en la nube (es decir, en SkyDrive) para almacenar archivos y la configuración actual de tu equipo. Debo notar que esto supone hacer ciertas concesiones en términos de seguridad y privacidad, y en mi caso la idea de que todos los dispositivos estén sincronizados no siempre me sirve. En próximas notas habrá trucos para configurar esto.
A. TORRES