domingo, 1 de enero de 2012

FIERRO DE PAPEL Y "EL INVENTARIO DE JACINTO"

Jacinto Corvalán tenía
un hijo nuevo y una pobreza vieja;
Los hijos eran tres y la pobreza solamente una,
y, sin embargo,
alcanzaba para todos.
Para los tres el mismo guiso chirlo
y la galleta dura;

pera los tres el mismo triciclo viejo
con las ruedas gastadas,
para los tres la misma escuela pobre
con la misma maestra,
vieja,
triste,
cansada.



Jacinto Corvalán tenía
dos manos hechas callo
de tanto pico y pala,
y un estómago verde
a puro mate amargo.

Y en cada zanja abierta,
en cada nuevo pozo,
Jacinto sembraba una esperanza
y enterraba una pena.



Jacinto Corvalán tenía
dos ojos que miraban de frente,
sin insultos pero sin cumplidos,
dos ojos que protestaban en silencio
por tanto sudor desperdiciado,
por tanta miseria vitalicia,
por tanta injusticia hecha costumbre.



Jacinto Corvalán tenía
una bronca caliente
que le crecía por dentro
cada vez
que alguno de los hijos se enfermaba,
cada vez que tragaban
el guiso chirlo y la galleta dura,
cada vez que la lluvia
le inundaba la pieza.


Jacinto Corvalán tenía
dos manos hechas callo
de tanto pico y pala,
dos ojos que protestaban en silencio
por tanta miseria vitalicia,
y una bronca caliente
que le crecía por dentro


Jacinto Corvalán tenía
tres hijos que crecían apurados
y una pobreza que lo mataba sin descanso,
en cada golpe de pico y de pala,
en cada madrugada
que lo veía marchar a la cuadrilla
dejando un beso tibio,
esperanzado,
en el futuro que dormía en cada hijo.



Jacinto Corvalán,
que casi no tuvo vida,
tuvo una muerte.
O, tal vez, ni eso;
a lo mejor se la prestaron
para que descansara,
hasta que sus hijos, con muchos otros hijos,
construyamos la Patria
Justa,
Libre,
y Soberana,
esa, que entre sudor y pico,
entre miseria y bronca,
Jacinto Corvalán soñaba.


Y así será.
Porque en eso estamos.