La política en los tiempos de la cólera
Por Enrique Masllorens
Periodista y dirigente peronista porteño. Huérfanos de apoyo contundente, los opositores de siempre se adosan como rémoras al lomo del tiburón monopólico para ver si pueden comer de las sobras del dep
redador. En la novela de García Márquez sobre la fidelidad, la constancia, la persistencia de la pasión y el amor en tiempos del cólera, es esta muy virulenta enfermedad la que dibuja, a principios del siglo XX, el trasfondo de la trama. Ningún contratiempo, obstáculo o espera sin certezas, detienen o tan siquiera apaciguan el devastador amor de Florentino por su Fermina. Esa obstinación sentimental del enamorado durante 60 años da al final el fruto deseado, el premio anhelado. En sentido contrario a los buenos y nobles sentimientos de la novela, los últimos seis decenios de nuestra historia están cruzados por la cólera y el odio de quienes en nombre del republicanismo, la libertad y la democracia han intentado, conseguido y vuelto a intentar, detener y desvirtuar la opinión y las decisiones de las mayorías. P
astoreando rencores sin solución de continuidad desde la década del '50 y la vileza del "Viva el cáncer!" hasta nuestros tiempos, la visión de una sociedad que no acepta sus designios, que decide su camino, que se rebela contra la injusticia y que no acepta las órdenes de los intereses minoritarios ni el deber ser de un capitalismo financiero y corporativo que cruje y hambrea, los irrita y los obliga al doble discurso que es su marca de identidad. Una catarata incontenible de cuestionamientos, alertas de peligros inminentes para la salud de la República, apelaciones a la moderación, exigiendo incluso implementar medidas contra natura de lo respaldado y ratificado por más del 54% del pueblo en las urnas, y hasta de improperios de toda laya, son el paisaje que pinta y difunde la corporación mediática. Huérfanos de apoyo contundente, los opositores de siempre se adosan como rémoras al lomo del tiburón monopólico, para ver si pueden comer de las sobras del depredador. Y por esas migajas son capaces de hacerse los horrorizados y defensores de la libertad de expresión, votando en contra o absteniéndose cuando se decide que el insumo básico para la
edición de diarios y revistas se convertirá en un bien de interés público, equitativo y antimonopólico. Los inventores y partícipes necesarios del Grupo A que buscaron privar de instrumentos para seguir creciendo y gobernando, entrando arrasadoramente y sin miramientos ni respeto por las tradiciones y la ética, para repartirse comisiones del Congreso de la Nación, ponen el grito en el cielo y en las pantallas amigas, olvidando maliciosamente lo que ellos mismos hicieron. El desfinanciamiento antipatriótico del Estado era la base consensual buscada para derribar o debilitar al gobierno popular. La coherencia, alineamiento y apoyo de los legisladores oficialistas con el movimiento nacional y popular que encabeza la presidenta es nuevamente motejado como la "escribanía de gobierno". El columnista opositor militante Eduardo Van Der Kooy titula una de sus notas en Clarín diciendo que el "sistema político quedó desbalanceado" y aprovecha para advertir a la oposición -como si fuera un solo bloque a las órdenes de la escribanía de Magnetto- que tiene que comprender a la realidad a la que se enfrenta (sic). Mienten descaradamente cuando se quejan del poco tiempo para estudiar y debatir proyectos de ley que en realidad han sido presentados y prolijamente cajoneados durante mes
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