lunes, 13 de febrero de 2012

13 DE FEBRERO DE 1949 PERON NACIONALIZA LOS FERROCARRILES






Lo primeros ferrocarriles se hicieron con el esfuerzo nacional, pero los gobiernos liberales hicieron una vergonzosa entrega, cediendo tierras y garantizando tarifas y utilidades en base a los balances de las propias empresas ingleses, cuyos gerentes o asesores muchas veces eran además funcionarios del gobierno. Mitre, como presidente, adopta una política liberalista de entrega al capital inglés. Entrega también los ferrocarriles, incluidos los ya construidos con capital nacional, como el “Oeste”, y al inaugurar la estación del “Sud” (1862) dirá en su discurso “¿Quien impulsa este progreso? Señores: es el capital ingles”



La nacionalización de los ferrocarriles se realizó en dos diferentes etapas: en la primera etapa se adquirieron en diciembre de 1946 los ferrocarriles de capital francés en una operación pequeña debido al escaso volumen de dichas empresas, y en la segunda etapa, se nacionalizaron los ferrocarriles británicos. En nuestro país las compañías británicas eran las de mayor volumen por lo que su nacionalización fue una de las negociaciones más publicitadas y más discutidas del gobierno de Perón. Las inversiones extranjeras en este rubro habían sido muy importantes hasta la Primera Guerra Mundial pero, luego de la misma, tres factores influirían en la paralización de los flujos de capitales dirigidos al sector y en su consecuente transferencia al Estado Argentino: primero el deterioro de la economía de Europa durante la posguerra; segundo, la gran competencia que el desarrollo de las rutas Argentinas le imponen al riel a partir de la década del 30", y por último la caducidad en el año 1947 del de la "Ley Mitre" que eximía a los ferrocarriles británicos del pago de impuestos. El Reino Unido tuvo saldos deudores durante la Segunda Guerra Mundial en sus relaciones comerciales con Argentina. Nuestro país había decidido acumular esos créditos en forma de Libras Esterlinas con garantía oro en el Banco de Inglaterra, libras que pasaron a ser inconvertibles en otras divisas desde 1939 por el agotamiento de las reservas y pasaron a formar parte de las llamadas "Libras Bloqueadas". Hacia 1946, el total acumulado de libras Bloqueadas de Argentina en Inglaterra ascendían a 112 millones, siendo el saldo más importante de América Latina. El Reino Unido no estaba dispuesto a desbloquear las libras adeudadas y procuró solucionar la situación de dos formas: incrementar sus exportaciones y reconquistar mercados perdidos, o vender parte de sus activos en el exterior. En una misión comercial entre Argentina e Inglaterra, y luego de arduas negociaciones para destrabar las libras bloqueadas y nacionalizar los ferrocarriles, se firma el 13 de enero de 1947 el contrato de compraventa de los ferrocarriles británicos por un total de 150 millones de Libras Esterlinas, a pagarse con los 130 millones de libras bloqueadas acumuladas a ese momento y el resto con superávit de la balanza comercial. Pero, debido a la situación económica de Inglaterra, el 12 de febrero se firmó un pacto que formalizó finalmente la compra de los ferrocarriles pagando nuestro país 100 millones de libras (hecho por el gobierno Británico como adelanto a cuenta de las exportaciones de carne de 1948), más 10 millones de Libras que el Gobierno Británico acreditó por productos ya vendidos, más 40 millones de Libras Esterlinas de fondos bloqueados por el Banco de Inglaterra. Esta fue la nacionalización más criticada porque la oposición argumentó que se compraron hierros viejos a precios exorbitantes. Pero el gobierno defendió la compra argumentando que se adquiría la soberanía sobre el sistema ferroviario y se podía evitar la discriminación que sufrían determinadas regiones y sus productos, además se puso énfasis en el conjunto de empresas británicas subsidiarias de los ferrocarriles y adquiridas en aquella operación. Entre estas últimas tenemos empresas de transportes, agua corriente, frigoríficos, compañías de tierras y eléctricas, aunque sin dudas el Puerto Dock de Sur fue uno de los más importantes por ser esencial para controlar el sistema de transportes y comunicaciones del Estado.