Diversos sectores que acompañan al diseño de país inaugurado en 2003 p
iden y confían en que el Gobierno finalmente dará la solución política que requiere el sistema ferroviario y de transporte público en general. El dramático episodio en la estación Once es un punto de inflexión. Qué cierta oposición y la corporación mediática no puedan sobrevolar como buitres.Los ayes de las víctimas aún se escuchaban entre los fierros retorcidos de la formación del Sarmiento siniestrada en la estación Once, cuando el diario La Nación hizo punta en eso a lo que no tienen acostumbrados cierta oposición de derecha e “izquierda” y la corporación mediática que los amplifica: estar al acecho de los accidentes e incluso de algunos errores gubernamentales, para lanzarse como aves de rapiña, con un método conocido, el de la manipulación de la sociedad en torno a sus intereses.
De ellos se puede leer, la mañana misma de la tragedia, a través de su artícul
o “Macabro regodeo político de La Nación ante la tragedia de Once“El diario La Nación tomó la delantera entre los medios concentrados. Mientras otros informan sobre la tragedia, el diario de “los Mitre” ya lanzó sus imputaciones al gobierno nacional, y hasta especula con el tema de los subsidios”. “Ya se gesta el próximo accidente”.
En ella, La Nación, sin medida alguna, casi hacía responsable al gobierno nacional por los luctuosos sucesos de esa mañana. Tras criticar durante días la decisión gubernamental de revisar la política de subsidios a los servicios públicos, de forma tal que los mismos vayan dirigidos a la población de menores recursos y no a las empresas, La Nación pasó a considerarlos, porque le es útil a su discurso antigubernamental, como causas mismas de la tragedia. “Un caso grave de manipulación periodística, frente a un hecho de extremo dramatismo
iden y confían en que el Gobierno finalmente dará la solución política que requiere el sistema ferroviario y de transporte público en general. El dramático episodio en la estación Once es un punto de inflexión. Qué cierta oposición y la corporación mediática no puedan sobrevolar como buitres.Los ayes de las víctimas aún se escuchaban entre los fierros retorcidos de la formación del Sarmiento siniestrada en la estación Once, cuando el diario La Nación hizo punta en eso a lo que no tienen acostumbrados cierta oposición de derecha e “izquierda” y la corporación mediática que los amplifica: estar al acecho de los accidentes e incluso de algunos errores gubernamentales, para lanzarse como aves de rapiña, con un método conocido, el de la manipulación de la sociedad en torno a sus intereses.De ellos se puede leer, la mañana misma de la tragedia, a través de su artícul
o “Macabro regodeo político de La Nación ante la tragedia de Once“El diario La Nación tomó la delantera entre los medios concentrados. Mientras otros informan sobre la tragedia, el diario de “los Mitre” ya lanzó sus imputaciones al gobierno nacional, y hasta especula con el tema de los subsidios”. “Ya se gesta el próximo accidente”.En ella, La Nación, sin medida alguna, casi hacía responsable al gobierno nacional por los luctuosos sucesos de esa mañana. Tras criticar durante días la decisión gubernamental de revisar la política de subsidios a los servicios públicos, de forma tal que los mismos vayan dirigidos a la población de menores recursos y no a las empresas, La Nación pasó a considerarlos, porque le es útil a su discurso antigubernamental, como causas mismas de la tragedia. “Un caso grave de manipulación periodística, frente a un hecho de extremo dramatismo
La Nación hizo punta. Luego se sumó casi todo el sistema de medios hegemónicos, haciendo un uso despiadado de las redes sociales.
Por el otro lado, voces que acompañan al proyecto de país que encabeza la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dieron una muestra efectiva de su accionar a la hora de informar, sin cortapisas en la opinión, siempre desde un posicionamiento editorial enunciado con claridad; algo similar hicieron dirigentes políticos, sociales y culturales que respaldan al gobierno.
Recogieron un sentir amplio en la sociedad. Ese que indica reconocimiento por lo hecho hasta ahora, para garantizar que entre las políticas inclusivas, los trabajadores en general tuviesen acceso al transporte público, mediante la aplicación de subsidios; pero que, instalados en un nuevo país (como consecuencia justamente de esas políticas gubernamentales de ampliación ciudadana concreta), reclama como imperioso acabar con la matriz privatizadora, heredada de los años de plomo neoliberales de lo ’90.
La sinrazón de TBA es flagrante. En ese sentido, se publicó publicó un artículo lapidario editado hoy por el diario Página 12: “La larga marcha del holding…”.
Además de radiografiar todos los desmanejos del Grupo Cirigliano, la nota firmada por el colega Sebastián Premici incluye un párrafo estremecedor: “Según la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, TB
A había registrado en 1996, dos años después de haber obtenido la concesión, 200 accidentes entre las líneas Sarmiento y Mitre. Al cabo de los primeros diez años de concesión, TBA registraba 879 accidentes por la línea Mitre, con 554 muertos (en distintos tipos de siniestros), mientras que el ramal Sarmiento registraba 1198 accidentes, con 818 muertos”.
El coraje de Néstor Kirchner primero, y de la presidenta después dieron suficientes ejemplos respecto de cómo tomar la iniciativa política; allí están las gestiones de Aguas, Aerolíneas, el Correo y otras líneas ferroviarias. Ese mismo coraje seguramente se manifestará una vez más en las próximas horas, más allá de las indagaciones y las conclusiones judiciales sobre los hechos de la estación Once, para avanzar hacia el fin definitivo de la siniestra herencia que aun perdura de aquellos años ’90.
La jefa de Estado también dejó en claro, en reiteradas oportunidades, su capacidad para leer los tiempos políticos de sus iniciativas capitales.
Por el otro lado, voces que acompañan al proyecto de país que encabeza la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dieron una muestra efectiva de su accionar a la hora de informar, sin cortapisas en la opinión, siempre desde un posicionamiento editorial enunciado con claridad; algo similar hicieron dirigentes políticos, sociales y culturales que respaldan al gobierno.
Recogieron un sentir amplio en la sociedad. Ese que indica reconocimiento por lo hecho hasta ahora, para garantizar que entre las políticas inclusivas, los trabajadores en general tuviesen acceso al transporte público, mediante la aplicación de subsidios; pero que, instalados en un nuevo país (como consecuencia justamente de esas políticas gubernamentales de ampliación ciudadana concreta), reclama como imperioso acabar con la matriz privatizadora, heredada de los años de plomo neoliberales de lo ’90.
La sinrazón de TBA es flagrante. En ese sentido, se publicó publicó un artículo lapidario editado hoy por el diario Página 12: “La larga marcha del holding…”.
Además de radiografiar todos los desmanejos del Grupo Cirigliano, la nota firmada por el colega Sebastián Premici incluye un párrafo estremecedor: “Según la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, TB
A había registrado en 1996, dos años después de haber obtenido la concesión, 200 accidentes entre las líneas Sarmiento y Mitre. Al cabo de los primeros diez años de concesión, TBA registraba 879 accidentes por la línea Mitre, con 554 muertos (en distintos tipos de siniestros), mientras que el ramal Sarmiento registraba 1198 accidentes, con 818 muertos”.El coraje de Néstor Kirchner primero, y de la presidenta después dieron suficientes ejemplos respecto de cómo tomar la iniciativa política; allí están las gestiones de Aguas, Aerolíneas, el Correo y otras líneas ferroviarias. Ese mismo coraje seguramente se manifestará una vez más en las próximas horas, más allá de las indagaciones y las conclusiones judiciales sobre los hechos de la estación Once, para avanzar hacia el fin definitivo de la siniestra herencia que aun perdura de aquellos años ’90.
La jefa de Estado también dejó en claro, en reiteradas oportunidades, su capacidad para leer los tiempos políticos de sus iniciativas capitales.
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