A veces hay que leer ciertas revistas (por ejemplo NOTICIAS) para ponerse a tono con los métodos sutiles, y no tanto, que los enemigos de la Causa Malvinas emplean para dejarnos del lado de los bárbaros (a los argentinos) y a los europeos, en particular los británicos, como los civilizados. Además en esa nota “Una dosis de fervor malvinense” se aclara que los británicos están muy ocupados en otros problemas y poco interesados en Malvinas. Tienen hacia nosotros una especie de indiferencia, por decirlo de alguna manera algo “histérica”, al mejor estilo de las chicas de Freud. ¿Por qué si tan poco les importa esas dos pequeñas islas, refuerzan sus defensas militares y por qué están armando empresas muy grandes articuladas para la búsqueda de petróleo en las mismas? O va en camino a las islas un súper buque de guerra. Además tan poca cosa no son, si un primer ministro del Reino Unido (todavía monárquicos, los muy civilizados) sale a declarar que los argentinos somos “colonialistas” y tenemos actitudes “intimidatorias”. Extraño lenguaje para el señor Cameron si como dice el autor de la nota “el destino de las Malvinas no ocupa un lugar prioritario en
la lista de preocupaciones, (del señor Cameron, claro) “.
Lo interesante es cómo descalificar sin que se note demasiado y entonces el orden de los factores si altera el resultado final de la nota, no es de extrañar en alguien que escribe defendiendo claramente los intereses de su patria, que es el imperio y que no soporta estos aires soberanos de un país que sólo se aglutina –según él piensa– ante el tema Malvinas y/o el fútbol. Nuevamente la contigüidad de lo que se compara nos descalifica como pueblo (patriotero, futbolero). Que ya viene sostenido por una reflexión de alta filosofía política “la delicadeza diplomática que siempre ha sido una de las características más entrañables del kirchnerismo”, como si se tratara de modales lo que está en discusión, cómo si los ingleses pensaban en modales cuando se robaban los galeones cargados de oro y plata que otros (los españoles) se robaban de nuestro continente, dejando tendales de indígenas agotados y muertos en las minas entre otras la de Potosí. Como si cuidaron los modales cuando intentaron dos años seguidos tomar el puerto de Buenos Aires y quedarse con el virreinato del Río de La Plata, como quien se manduca una ostra con champaña. Como si pensaron en modales cuando nos invadieron las islas Malvinas, sin pedir opinión si los gauchos que las habitaban querían ser británicos. Aunque en otro movimiento descalificatorio dice la nota que los kelpers no quieren ser argentinos, después de denigrar a nuestros políticos en general pero ofendiendo a nuestra presidenta, elegida por el voto popular, 54,11%, algo que seguramente les hace fruncir la nariz de asco, por eso ellos tienen reina. Textualmente dice, entonces de los kelpers que en realidad son ciudadanos británicos ocupando un territorio extranjero, “Por cierto no los seduce la idea de verse incorporados a sus dominios”, como si fuera lo mismo reina que presidenta; por supuesto además dejando flotar una idea de “dominios personales” o “absolutos” típicos de las monarquías absolutas e imperiales.
Más adelante dando un salto en el aire, dice que gracias a la Ministra Garre no podremos optar por la solución militar. Como si la mencionada Ministra no fuera parte de un gobierno (el de Cristina precisamente) y de un proyecto más amplio como el kirchnerismo y hubiera aterrizado de Marte. O en el absurdo al que es capaz de llegar, hubiera desactivado las FFAA en connivencia con los ingleses.
Finalmente desconoce el bloque solidario de Sudamérica, descree del mismo o trata de mostrar las diferencias y ejercer muy pobremente lo que en momentos de florecimiento del Imperio Británico se ejerció en América Latina, la balcanización, la división, los enfrentamientos planteados entre hermanos en beneficio si de un Imperio Colonial que trataba de sacar los mejores beneficios para la colocación de sus productos en este continente y llevarse nuestras riquezas al más bajo precio posible.
Pero lo peor de la nota son sus dos columnas finales, donde niega que los imperialismos expoliaran no sólo a la Argentina, sino a cualquier otro país periférico, como si “Patria Si, Colonia, no” hubieran sido inventos de algunos sectores algo autocompasivos, que no podían aceptar sus limitaciones para prosperar. Pero sigue tirando de la cuerda y su cinismo se plasma sobre el último párrafo donde nos trata a nosotros de colonialistas blancos que sometimos a los pueb
los originarios y les robamos sus tierras, por eso reaccionamos culposamente cuando Cameron nos coloca en nuestro verdadera esencia, la de colonialistas, y si no fuera indignante culmina este artículo diciendo que los kelpers en realidad son comparables a los wichis, mocovíes etc.
Incorporaría este artículo a las cátedras de Comunicación, como un modelo de tergiversación, de cómo desde los medios se engaña, se miente, se puede desinformar activamente. Y al mismo tiempo me enorgullece la Ley de Medios, que legitima el fin de la información monopólica y como en este caso al servicio de intereses contrarios no ya a la Argentina sino a Latinoamérica en su conjunto.
* Escritora – sindicalista.
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