
El escapismo político y la supervivencia
El análisis de Rodrigo Conti,
El análisis de Rodrigo Conti,
Macri lo hizo… y no es la primera vez. Eligió pagar el costo político de dar marcha atrás, de contradecirse y de escaparse antes que ponerse al frente del desafío político de hacer funcionar el subterráneo cada vez mejor. Eso sí, volvió a mostrar –como el día que abandonó su candidatura presidencial– un oportunismo de supervivencia que prescinde de todo tipo de principios ideológicos.
Fiel a su estilo, eligió su momento propicio. Con la sociedad aún aturdida por la tragedia de Once y un Gobierno nacional que intenta avanzar pese a sus propias fallas en torno de un tema complejo como el del transporte público, el líder de PRO hizo añicos el acta acuerdo que firmó el 3 de enero con la Casa Rosada y buscó acotar los resquicios legales que utilizará la Nación para obligarlo a cumplir con la palabra empeñada. El inicio de ejecución, primero, y el aumento de los boletos, después, terminan validando de hecho el traspaso que ahora pretende truncar.
El jefe de Gobierno porteño pidió a Nilda Garré “no hacer política con la seguridad de la gente”, en referencia al retiro de los agentes federales. Sin embargo, uno de sus argumentos para deshacer
se de la responsabilidad que él mismo había asumido fue justamente la tragedia de Once. A principio de año, cuando aceptó el traspaso, no había advertido nada sobre la falta de inversión o las obras inconclusas.
Macri puede ser desopilante cuando se apega al libreto. Y hasta tiene un tono festivo que entusiasma a los suyos, aunque desorienta al resto de la sociedad. Pero esta vez, a contramano de lo buscado, el afán de eludir el eventual costo de un problema futuro compromete su propia supervivencia. En vez de asumir la enorme responsabilidad que representa cambiar un sistema de transporte público que tanta falla ha demostrado, se escapa y da la espalda.
Imantado por el resultadismo del marketing político, Macri elige el camino más corto. Acepta los cachetazos de una sociedad por su mal paso, pero al final no afronta ningún compromiso. Opta por gobernar como un espectador y en ese contexto torna inciertas cada una de sus acciones. Macri revolea los subtes pero la Nación ya avisó que no aceptará la devolución. El servicio queda en un limbo jurídico indescifrable. Y los únicos presos, otra vez los usuarios.
Fiel a su estilo, eligió su momento propicio. Con la sociedad aún aturdida por la tragedia de Once y un Gobierno nacional que intenta avanzar pese a sus propias fallas en torno de un tema complejo como el del transporte público, el líder de PRO hizo añicos el acta acuerdo que firmó el 3 de enero con la Casa Rosada y buscó acotar los resquicios legales que utilizará la Nación para obligarlo a cumplir con la palabra empeñada. El inicio de ejecución, primero, y el aumento de los boletos, después, terminan validando de hecho el traspaso que ahora pretende truncar.
El jefe de Gobierno porteño pidió a Nilda Garré “no hacer política con la seguridad de la gente”, en referencia al retiro de los agentes federales. Sin embargo, uno de sus argumentos para deshacer
se de la responsabilidad que él mismo había asumido fue justamente la tragedia de Once. A principio de año, cuando aceptó el traspaso, no había advertido nada sobre la falta de inversión o las obras inconclusas.Macri puede ser desopilante cuando se apega al libreto. Y hasta tiene un tono festivo que entusiasma a los suyos, aunque desorienta al resto de la sociedad. Pero esta vez, a contramano de lo buscado, el afán de eludir el eventual costo de un problema futuro compromete su propia supervivencia. En vez de asumir la enorme responsabilidad que representa cambiar un sistema de transporte público que tanta falla ha demostrado, se escapa y da la espalda.
Imantado por el resultadismo del marketing político, Macri elige el camino más corto. Acepta los cachetazos de una sociedad por su mal paso, pero al final no afronta ningún compromiso. Opta por gobernar como un espectador y en ese contexto torna inciertas cada una de sus acciones. Macri revolea los subtes pero la Nación ya avisó que no aceptará la devolución. El servicio queda en un limbo jurídico indescifrable. Y los únicos presos, otra vez los usuarios.
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